El Cronómetro del Creador
I. GÉNESIS OSCURA
Año 0: El
error de diseño
En la sala
de juntas del Departamento Biológico del Planeta Xylos, el Director se dirigió
al consejo:
—Colegas,
amigos…
Hemos pasado
ciclos enteros contemplando el cristal de esa cápsula, orgullosos de la
perfección física que logramos. Los dotamos de una arquitectura celular
envidiable, de una piel diversa como un gesto estético, y de una mente capaz de
descifrar el cosmos. Sin embargo, hoy debemos aceptar la verdad más amarga: les
dimos el fuego del pensamiento, pero no el control de la llama.
No se trata
de un fallo técnico.
Se trata, quizá, de un exceso de confianza.
Su
agresividad no es un defecto aislado; es el subproducto de su voluntad de
dominio. Buscan enemigos donde no los hay y convierten diferencias mínimas en
fronteras irreconciliables. Creímos que la inteligencia bastaría para contener
esa inclinación. Nos equivocamos.
Si
permanecen aquí, el laboratorio será su tumba y nosotros sus verdugos. Si los
enviamos a la Tierra, el planeta será su maestro. La distancia los obligará a
inventarse, a construir sus propias historias. Tal vez se busquen para luchar…
pero también podrían encontrarse para comprender por qué, a pesar de todo,
comparten el mismo diseño.
Hoy dejamos
de ser fabricantes.
Hoy aceptamos convertirnos en mito.
La votación
fue unánime, pero en la sala nadie celebró la decisión.
—Hoy no los
estamos desechando; los estamos liberando —concluyó el Director—. Los separaremos
por colores para que la distancia los obligue a crear sus propias historias. Si
logran superar ese instinto de lucha, el experimento habrá sido un éxito.
—Están
hechos a nuestra semejanza —advirtió un científico—. Si fallan ellos, el fallo
será también nuestro.
El Director
guardó silencio.
II. INFORME DE VIGILANCIA BIOLÓGICA
Ciclo de
observación: 5.000
Los
especímenes demostraron una adaptación extraordinaria.
Dominaron el
fuego.
Transformaron la rueda en motor.
Descifraron el silicio y rozaron niveles avanzados de abstracción matemática.
El planeta
terminó ajustándose a ellos, aunque cuando llegaron no era un refugio sino un
territorio hostil. Sobrevivieron al frío, al hambre y a la oscuridad sin
instrucciones ni tutela. Aprendieron a domesticar la tierra y a rediseñar la
superficie que inicialmente los amenazaba.
Pero el
defecto del Año 0 no desapareció.
La
pigmentación de su piel se convirtió en bandera.
La jerarquía mutó en obsesión por el poder.
La inteligencia, en instrumento de supremacía.
—Se matan
por una variación irrelevante del diseño —anotó el Observador Principal.
No solo
persistía el fallo: se había sofisticado.
III. EL PUNTO DE NO RETORNO
1914–1918
Desde la
órbita, los observadores contemplaron un continente convertido en trinchera.
El aire se
volvió veneno.
El hierro, metralla.
—Les dimos
química para comprender la materia —dijo el Director con amargura— y la usan
para quemar pulmones.
El silencio
que siguió no fue de sorpresa, sino de confirmación.
—Si ahora
emplean pólvora y gas —añadió otro científico—, ¿qué harán cuando comprendan el
núcleo del átomo?
IV. AGOSTO DE 1945
El destello
atravesó la atmósfera como una cicatriz de luz.
Habían
dividido el átomo.
No para
viajar a las estrellas.
No para iluminar el planeta que los acogió.
Para borrar
ciudades.
—Ese nivel
de desarrollo estaba previsto para dentro de milenios —murmuró alguien—. Lo
alcanzaron en menos de un siglo… para fabricar una bomba.
En Xylos,
nadie habló durante varios ciclos.
V. 2026: EL CALLEJÓN SIN SALIDA
Más de cincuenta
conflictos activos.
Arsenales nucleares en alerta.
Inteligencia artificial aplicada a la guerra.
El dilema
dejó de ser científico y se convirtió en aritmética moral imposible.
Intervenir
implicaba muerte inmediata.
No intervenir implicaba posible extinción total.
—Si
descendemos como padres, nos rechazarán. Si descendemos como jueces, nos
convertirán en enemigos —dijo un consejero.
El Director
observó el holograma azul suspendido ante él.
—Ya no
podemos enseñarles nada. Solo podemos mostrarles el límite.
—¿Una
demostración de fuerza?
—No. Una
demostración de consecuencia.
Silencio.
—Les haremos
sentir lo que significa estar al borde del final. Sin destruirlos. Sin
salvarlos. Solo colocándolos frente a su propia capacidad de aniquilación.
—¿Y si no reaccionan?
El Director
sostuvo la mirada del planeta.
—Entonces el
fallo no será corregible.
VI. LA ÚLTIMA CARTA
Se descartó
el reinicio tecnológico.
Se descartó la erradicación selectiva.
Solo quedaba
una posibilidad extrema: exponerlos a una cuenta atrás real, verificable,
irreversible en apariencia.
—Si perciben
una amenaza externa —expuso el científico de conducta—, su instinto de
supervivencia podría imponerse al de dominio.
—Preferiría que nos odien unidos —respondió otro— a que sigan
odiándose por separado.
—Necesitan
un enemigo común.
—No
—corrigió el Director—. Necesitan comprender que el enemigo nunca estuvo fuera.
El Director
apoyó la mano sobre el control de despliegue. Activaron la secuencia.
No
descenderían naves.
No habría figuras mesiánicas.
No habría dioses ni demonios.
Solo una
certeza compartida: el tiempo podía acabarse.
—Que el
reloj determine lo que nosotros no supimos diseñar.
VII. EL TESTIGO
Europa del
Este. 01:12 AM.
El sargento
Elian mantenía el fusil apuntando a sombras que también lo apuntaban a él. El
barro húmedo se adhería a sus botas y el aire olía a metal y tierra removida.
De pronto,
la artillería cesó.
Su teléfono
vibró.
23:59:59.
Una voz sin
odio resonó en su interior. No era un grito ni una amenaza. Era una
constatación. Le habló de laboratorios, de decisiones antiguas, de errores de
cálculo. Le habló de la inutilidad de aquella guerra.
Alzó la
vista.
A doscientos
metros, el enemigo miraba su propia pantalla roja.
23:59:30.
Elian bajó
el arma.
El otro hizo
lo mismo.
Avanzaron
hacia el centro de la tierra de nadie. Sin consignas. Sin banderas. Solo dos
seres humanos, creados con el mismo diseño, enfrentándose por primera vez no al
enemigo, sino a su reflejo.
VIII. EL SILENCIO DE LAS PANTALLAS
En todo el
planeta, cada pantalla mostró el mismo mensaje:
«El tiempo
de observación ha concluido.
Habéis demostrado que sabéis sobrevivir en un mundo hostil.
Aún no habéis demostrado que sabéis convivir entre iguales.
No seremos
nosotros quienes decidan.
El reloj no se detendrá.»
Las armas
comenzaron a descender.
Las banderas dejaron de importar.
Las miradas se alzaron hacia el cielo.
En Xylos,
los creadores apagaron sus monitores.
En la
Tierra, el contador descendía.
00:00:03
00:00:02
00:00:01
Y por
primera vez desde el Año 0, la elección no dependía de quienes diseñaron el
experimento.
Dependía de
quienes aprendieran —o no— a convivir.
