CHARLAS CON DON DIONISIO ALCALÁ GALIANO
Este trabajo presenta
una biografía del ilustre marino y científico español Dionisio Alcalá Galiano
(1760-1805) de una manera sumamente original
y accesible: a través de una serie de "charlas" dialogadas
entre el autor y la efigie del propio Galiano.
El formato dialogado,
que el autor defiende como una manera más amena de conocer la vida de
personajes insignes que "leyendo un tocho de biografía", resulta
altamente efectivo. Permite al lector adentrarse en la intensa y corta vida de
Galiano de manera fluida y cronológica.
Este texto es un homenaje brillante que combina la precisión histórica con una narrativa vivaz. Cumple sobradamente su misión de dar a conocer a don Dionisio Alcalá Galiano, no solo como el héroe caído de Trafalgar, sino como un brigadier, comandante y caballero de la Orden de Alcántara que fue "gloria de la patria y honra de la Armada Española" y un orgullo para su ciudad natal, Cabra.
"Charlas con don Dionisio Alcalá-Galiano" es una biografía dialogada y muy amena del marino español Dionisio Alcalá Galiano.
El trabajo destaca su
doble carrera como científico,
astrónomo y explorador, particularmente en la Expedición Malaspina y en
la cartografía del Pacífico Noroeste.
Concluye con su heroica muerte en la Batalla de Trafalgar a bordo del navío Bahama, honrándolo como gloria de la patria y honra de la Armada. Es un homenaje bien documentado y muy efectivo.
CRONOLOGÍA SINTÉTICA DE DIONISIO ALCALÁ-GALIANO
(1760-1805)
·
Nacimiento: 8 de octubre de 1760 en Cabra, Córdoba,
España.
·
Fallecimiento: 21 de octubre de 1805 (a los 45 años) en
el Cabo Trafalgar, durante la Batalla de Trafalgar.
·
Ocupación: Explorador, oficial naval, cartógrafo y
astrónomo.
·
Rango: Brigadier de la Real Armada Española.
·
Cargos: Comandante de barco (por ejemplo, del navío de
línea Bahama en Trafalgar)
Contribuciones y Expediciones:
- Formación Científica: Desde joven mostró afición por las ciencias, realizando estudios que
en su época se denominaban "sublimes, mayores y astronómicos".
- Cartografía de España: Formó parte de la expedición dirigida por Vicente Tofiño (1783-1788)
para perfeccionar los levantamientos hidrográficos de las costas de España
y redactar su derrotero.
- Estrecho de Magallanes: Se integró en una expedición al Estrecho de Magallanes (1785),
dirigida por Antonio de Córdoba.
- Expedición de Malaspina (1789-1794): Dirigió la comisión de Geografía y Astronomía en esta importante
expedición científica a tierras americanas y el Pacífico, ordenada por
Carlos III.
- Paso del Noroeste: En 1792, con la goleta Sutil y junto a Cayetano Valdés,
recorrió las costas de Nutka y el estrecho de Juan de Fuca, en busca del
paso del noroeste, que debía unir el Atlántico y el Pacífico. De este
viaje escribió la Relación del viaje hecho por las goletas
"Sutil" y "Mejicana" para reconocer el Estrecho de
Fuca.
- Astronomía y Navegación: Se le atribuye la invención de un método innovador para hallar la
latitud mediante la observación de la altura polar de un astro a cualquier
distancia del meridiano, una técnica clave para la navegación astronómica.
También determinó con precisión la latitud de la Ciudad de México en 1791.
Muerte y Legado:
- Batalla de Trafalgar: Murió
gloriosamente mientras comandaba el navío de línea Bahama en la
Batalla de Trafalgar el 21 de octubre de 1805. Recibió sepultura en el
mar.
- Panteón de Marinos Ilustres: Su
recuerdo es perpetuado con una lápida conmemorativa en el Panteón de
Marinos Ilustres de San Fernando, que resalta su heroica muerte.
PRIMERA CHARLA CON DON DIONISIO ALCALÁ GALIANO
VIDA Y LOGROS
—AUTOR:
—Buenos días, mi General, para mí sería una enorme satisfacción poder contar a
grandes rasgos su vida y hazañas. Ya que usted fue gloria de la patria y honra
de la Armada Española y orgullo para los egabrenses, dado que nació en nuestra
ciudad el 8 de octubre de 1760.
—ALCALÁ
GALIANO: —Buenos días, joven, ¿a qué viene su interés?
—AUTOR:
—El Iltmo. Ayuntamiento de Cabra y la Asociación Cultural Dionisio
Alcalá-Galiano han tenido a bien colocar su efigie en esta Plaza de España,
posiblemente frente a la casa donde usted vivió. Por ello quisiera rendirle un
pequeño homenaje dando a conocer su figura que, aunque es bien conocida, me
parece que podría ser original por esta manía mía que tengo de hablar con las
efigies. Ya lo hice en el homenaje del CC aniversario de su nacimiento a su
sobrino don Juan Valera y Alcalá Galiano, el célebre escritor, diplomático y
político español, y a don José Solís Ruiz, un abogado y político que nació en
nuestra ciudad el 27 de septiembre de 1913.
—ALCALÁ
GALIANO: —¿Es una manía rara la suya?
—AUTOR:
—Sí, lo sé. A veces siento que se me va la cabeza, pero no es una sensación
desagradable. Y he de decirle que estoy convencido de que a muchos lectores les
será más ameno conocer la vida de los personajes insignes realizando este tipo
de charlas que leyendo un tocho de biografía que pudiera resultarles pesada.
—ALCALÁ
GALIANO: —Su exposición me ha convencido, deduzco que quiere preguntarme
sobre mi vida. La Asociación Cultural que lleva mi nombre lleva ya más de 40
años recopilando cuantos datos y documentos pueden juntar sobre mi vida y obra
para su posterior divulgación y conseguir el mayor y mejor conocimiento de mi
vida como marino, tanto por mis exploraciones y trabajos científicos como por
mi triste final, que quizás es ciertamente por lo que todo el mundo me conoce:
mi participación en la batalla de Trafalgar, donde encontré la muerte.
—AUTOR:
—Ciertamente, el 21 de octubre de 1805 fue un día aciago, el enfrentamiento
naval decisivo entre la Armada Británica al mando del almirante Horatio Nelson
y la flota combinada franco-española, liderada por el vicealmirante francés
Pierre Villeneuve y el teniente general del mar Federico Gravina. Pero permítame
volver mucho más atrás. ¿Quiénes fueron sus padres y qué me contaría de su
infancia?
—ALCALÁ
GALIANO: Mi padre fue Antonio Alcalá-Galiano y Pareja y Spínola, natural de
Doña Mencía, que llegó a ser Alférez Mayor de Cabra y Mariscal de Campo, así
como político y escritor; mi madre, Antonia Alcalá Galiano y Pinedo y Arias,
natural de Cabra. Mi infancia y primera juventud transcurrió en Cabra, inicié
mis primeros estudios en las Escuelas Pías, fundadas en 1763 por el Presbítero
don Gil Alejandro de Vida Hidalgo.
—AUTOR:
—Es cierto que con 11 años sentó plaza de guardiamarina.
—ALCALÁ
GALIANO: —Sí, sería en 1771 y pronto descubrí que tenía aptitudes para las
ciencias astronómicas y geográficas. Recuerdo que en octubre de 1772, junto con
mi hermano Vicente, ambos ingresamos como colegiales filósofos en el Real
Colegio de la Purísima Concepción de Cabra, estudiando dos años de filosofía.
—AUTOR:
—¿Cuándo embarcó en la fragata Júpiter usted tenía tan solo 16 años?
—ALCALÁ
GALIANO: Sí, y a partir de aquí sería un no parar, pues al año siguiente
tomé parte en la expedición que contra los portugueses llevó a cabo una
escuadra al mando del Marqués de Casa Tilly y con un cuerpo de desembarco a las
órdenes del General Cevallos, conseguimos la toma de la isla de Santa Catalina
en la costa de Brasil y del Río de la Plata.
—AUTOR:
—En Montevideo trasbordó usted a la fragata Venus y se halló en el
bloqueo y rendición de la colonia de Sacramento y fue nombrado oficial de
órdenes del capitán de navío Gabriel Guerra, comandante del Río de la Plata.
Desde las Malvinas, embarcado en el paquebote San Cristóbal, sirvió dos
años en aguas del archipiélago de las Malvinas.
—ALCALÁ
GALIANO: —Joven, veo que ha hecho los deberes, tiene un conocimiento
correcto de mi carrera, por lo tanto sabrá que el 8 de agosto de 1778 ascendí a
alférez de fragata.
—AUTOR:
—Sí, y que su afición a las ciencias le llevó a ampliar sus conocimientos,
haciendo los estudios que por aquellos años se denominaban sublimes, mayores y
astronómicos.
—ALCALÁ
GALIANO: —Ciertamente, mientras tanto, el 15 de noviembre de 1784 fui
ascendido a teniente de fragata. Embarqué en la fragata Luisa, que me
había sido asignada, así como un bergantín de escaso calado que me permitiese
acercarme a la costa, para que perfeccionase los levantamientos hidrográficos
de las costas de España, Islas Baleares y Norte de África para redactar su
derrotero. Esta comisión de trabajo duró de 1784 a 1785.
—AUTOR:
—En 1785-1786 usted fue designado por recomendación especial de Vicente Tofiño,
por tener fama de aventajado en los estudios astronómicos y en el manejo de los
instrumentos a emplear, para formar parte de la expedición que llevaba a cabo
en 1785 el capitán de navío Antonio Córdoba, comandante de la fragata Ntra.
Sra. de la Cabeza, en el estrecho de Magallanes, con objeto, entre otros, de
experimentar si realmente valía la pena acometer su paso con los buques de vela
de aquel tiempo, o bien si era mejor desafiar los temporales del mar abierto
doblando el cabo de Hornos.
—ALCALÁ
GALIANO: —De nuevo me congratula saber que al menos ha indagado sobre mis
hazañas, la verdad es que dado su atrevimiento no esperaba menos. Así que ya
que estamos en 1786, le diré que el 11 de junio regresé a Cádiz, y el 28 de
abril de 1787, ascendido a teniente de navío, volví a las órdenes de Tofiño
para continuar los levantamientos hidrográficos de las costas de Galicia,
Asturias y Vizcaya a bordo de la fragata Loreto (1787). En 1788 se
dispuso otra expedición en la que tomé parte, fue la que tuvo por objeto determinar
la verdadera posición de las islas Terceras. La corrección de la carta de las
Azores se dispuso que la efectuasen la fragata Santa Perpetua y los
bergantines Vivo y Natalia, después Grulla, mandado por
mí. Tofiño fue designado jefe de la pequeña flotilla. La campaña se llevó a
cabo desde el 15 de junio al 16 de agosto, y el resultado fue incluido en el
Derrotero del Océano publicado en 1789.
—AUTOR:
—Por su prestigio alcanzado en estas campañas, usted sería reclamado por
Alejandro Malaspina para su expedición científica en el Atlántico y Pacífico,
como responsable principal de Astronomía. ¿En qué consistió esta expedición?
—ALCALÁ
GALIANO: —Esta expedición se efectuaba no solo con fines hidrográficos y
astronómicos sino también para estudio de la botánica y de las ciencias
naturales en general, a cuyo efecto embarcaron naturalistas y dibujantes. Yo
trabajé en la expedición con mi ahínco acostumbrado y publiqué al final una
interesante memoria con el resultado de mis observaciones astronómicas y cálculos.
Llegamos a
Montevideo el 20 de septiembre. Aquí dieron principio las operaciones
facultativas y astronómicas, repartidas en secciones; estableciéndose en
aquella plaza el observatorio, me tocó la serie de observaciones, de las cuales
había de resultar la exacta determinación de su latitud y longitud. "Fui
el primero que propuse en esos tiempos y resolví con exactitud el problema de
hallar la latitud por medio de la altura polar, observada a una distancia
cualquiera del Meridiano".
Concluidos
los trabajos de las secciones en el Río de la Plata, salimos de allí las
corbetas el 14 de noviembre en prosecución de nuestro viaje, reconociendo y
fijando situaciones de costas, cabos, islotes, entrada del estrecho de
Magallanes, montando el cabo de Hornos. Y continuando estas operaciones por la
costa occidental de la América del Sur, ya sea juntas o separadas las corbetas
por disposición del comandante en jefe, hasta que el 17 de marzo de 1790
quedaron reunidas en Valparaíso. En este puerto pasé a la Descubierta el
9 de abril siguiente, dotada de mejores instrumentos astronómicos.
Seguimos
hasta el puerto de Coquimbo; de aquí otra vez ambos buques por distintas
derrotas, hasta El Callao, donde fondeé la Descubierta el 20 de mayo, y
la Atrevida lo hice el 28. El 20 de septiembre partimos para Guayaquil y
de allí a Puerto Rico (Panamá), donde arribamos el 16 de noviembre. El 15 de
diciembre salimos la expedición para el puerto del Realejo; ya en la mar, se
dispuso que la Atrevida marchase a Acapulco y San Blas, reservándose a
la Descubierta la recalada y operaciones en Realejo. Mi corbeta hizo
escala allí del 17 al 30 de enero de 1791, donde tuve situado el observatorio a
mi cargo y al de Juan Gutiérrez de la Concha.
Una vez
verificadas las observaciones, con la Descubierta marché también a
Acapulco para reunirme con la Atrevida el 20 de abril de 1791.
Dedicado
siempre a mis estudios, en diciembre del mismo año observé la segunda inmersión
del segundo satélite de Júpiter por la marcha del péndulo y los relojes marinos
y la observación diaria de la inclinación de la aguja por diferentes alturas
meridianas; debajo de la latitud, tracé diariamente la órbita de la Luna y
calculé con operaciones gráficas la hora y pasaje de las ocultaciones de las
estrellas, en el propio mes y el anterior. Embarqué de nuevo en la Descubierta.
Propuso entonces Malaspina al Virrey de Nueva España que, necesitando las
corbetas aprovechar el tiempo para ir a examinar las islas Marianas y las islas
Filipinas, se destinase las goletas Sutil y Mejicana a reconocer
el estrecho de Juan de Fuca, por si este pudiera ser el paso que se buscaba al
Atlántico. Se dio al efecto el mando de ambos buques a mí y a Cayetano Valdés,
ya capitanes de fragata; salimos de Acapulco el 8 de marzo de 1792. Ambos
buques eran de muy poco calado, a propósito, por ello, para navegar por canales
de poco fondo; la Sutil, mandada por mí y aparejada de bergantín, y la Mejicana,
por Valdés; de goleta, ambas bien pertrechadas de instrumentos astronómicos y
antiescorbútico. Yo, como más antiguo, mandaba la expedición. Visitamos primero
el puerto de Nutka, donde había un puesto y varios buques españoles. Por
observaciones astronómicas obtuvimos la longitud de Nutka para referir a ella
todas las demás por medio de los cronómetros, y procedimos a efectuar
reconocimientos ordenados luchando con las rápidas corrientes y los fuertes
vientos encajonados entre altas montañas.
—AUTOR:
—Perdóneme, don Dionisio, aquí le voy a dejar, quisiera transcribir toda esta
información que me ha pasado para poderla publicar en mi revista Cabra,
Culta y Poética. Continuaré con su charla en otro momento si tiene a bien.
—ALCALÁ
GALIANO: —Estaré gustoso de reanudar esta “charla” cuando lo disponga.
SEGUNDA CHARLA CON DON DIONISIO ALCALÁ GALIANO
FINAL HEROICO DE UN CIENTÍFICO Y
EXPLORADOR
—AUTOR: —Buenas tardes, don Dionisio, perdóneme mi olvido: el 8 de octubre de este
2025 se cumplieron 265 años de su nacimiento y el día 21 del mismo, 220 años de
la Batalla de Trafalgar. Quisiera reanudar la charla con usted, no sin antes
dejar señaladas estas fechas: el mismo mes, 45 años transcurridos desde su
nacimiento al día de su muerte.
Una
corta vida, pero intensísima, con un final que cuentan que usted vislumbró, ya
que se enfrentó al vicealmirante francés Pierre Villeneuve, junto con el
general Federico Gravina, pues ustedes eran de la opinión que, si salía la
escuadra franco-española en busca de los ingleses, había poca esperanza de
alcanzar la victoria. Quizás, si era Nelson quien intentaba forzar el puerto,
el resultado sería más favorable.
—ALCALÁ GALIANO: —Ay, joven, después continuaremos con mi carrera de astrónomo, cartógrafo…
pero ya que me ha situado en este fatídico mes le contaré lo sucedido:
comenzaré diciendo que el 8 de diciembre de 1804, el general Federico Gravina,
desde París, me propuso para comandante de navío en una de las escuadras que se
preveía armar con motivo de la guerra inminente contra Gran Bretaña.
Ciertamente,
como militar pudoroso a que el deber le llama a servir a la patria con las
armas, como la había servido en actividades científicas, acaté la decisión.
A
propuesta del teniente general José María de Álava, el 1 de julio tomé el mando
del Bahama, que a finales de este mes se encontraba listo en bahía,
pero con escasa dotación y falta de adiestramiento. El 20 de agosto fui
agregado a la escuadra de Gravina cuando arribó en Cádiz. Por orden de Gravina,
el 27 de agosto me hice cargo de la división española integrada por los
navíos Bahama, San Leandro, Monarca, San
Francisco de Asís y Montañés, situándome en la boca del
puerto, lista para salir al mar junto con otra francesa. Yo sostenía que era
probable que, si Nelson intentaba forzar el puerto, saliese vencido, pero que,
si nuestra escuadra salía en busca de los ingleses, había poca esperanza de
alcanzar la victoria. Como así fue.
Se
convocó un consejo de guerra el 8 de octubre, celebrado a bordo del buque
insignia francés Bucentaure, presidido por el almirante francés y
al que asistieron los jefes de ambas escuadras, entre ellos me encontraba yo.
Los españoles que nos habíamos reunido previamente expusimos el probable
descalabro que sufriríamos dada la superioridad de los ingleses. El
contralmirante francés Magón se expresó con tanto acaloramiento que motivó una
enérgica contestación mía, llegando a un punto en que nuestros compañeros
temieron un duelo entre éste y yo.
Propuso
prudentemente Gravina que se votase sin más discusión y el resultado fue la
declaración explícita de las condiciones desfavorables en que se vería obligada
a luchar la escuadra en caso de salida del puerto, por lo que se decidió
suspender la salida a la mar. Sin embargo, Villeneuve comunicó a Gravina su
intención de salir al día siguiente y este contestó que la escuadra española
estaba lista.
El día
19 de octubre empezamos a salir la escuadra, compuesta de siete navíos y cinco
fragatas francesas y el navío Bahama que yo comandaba. En la
mañana del 21 quedé en línea de retaguardia y a la vista del enemigo.
—AUTOR: —Perdón, mi general, cuentan que esa misma mañana redactó su testamento de
puño y letra con gran sangre fría y en estos términos: “Estando para entrar en combate, declaro que dejo por mi albacea, tutora
y curadora de mis hijos a mi mujer, la señora doña María Consolación de
Villavicencio, a puerta cerrada en mi casa y según el poder general que le
tenía otorgado en vida. Navío Bahama,
al SO de Cádiz, de 10 a 12 leguas, 21 de octubre de 1805. Dionisio Galiano”.
—ALCALÁ GALIANO: —El final era inevitable. La línea de batalla estaba constituida por la
vanguardia de siete navíos; el centro de otros siete navíos; y la retaguardia
de otros siete. Existía, además, la escuadra de observación, formada por dos
divisiones de seis navíos cada una. La inglesa constaba de treinta y tres
buques, divididos en dos columnas. Pertenecía el Bahama a la
segunda división de la escuadra de observación y en la mañana del 21 quedó en
la línea de retaguardia.
—AUTOR: —Decían de usted que era un hombre de disciplina y valor extraordinarios y
que la tripulación lo veneraba.
—ALCALÁ GALIANO: —Quizás se dijera por lo que sucedió y la arenga que hice a la
tripulación. Yo juzgaba desacertada la salida y recibí con sorpresa la orden de
darse a la vela; pero, consciente del terrible golpe que iba a recibir la
Marina Española, ocupé el puesto que se me asignó y esperé sereno el momento de
perecer gloriosamente. Al aproximarse al enemigo, me dirigí a la tripulación y,
mirando la bandera española, dije: “Señores, estén ustedes todos en la inteligencia
de que esa bandera está clavada” y, volviéndome a mi pariente el guardiamarina
don Alonso Butrón, que estaba junto a la bandera, le dije: “Cuida de no
arriarla, aunque te lo manden, porque ningún Galiano se rinde y ningún Butrón
debe hacerlo”.
La batalla
de Trafalgar costó a España 1223 vidas y dejó 1383 heridos, y no solo mi
pérdida, sino la de hombres ilustres como: Gravina, Churruca, Alcedo, Moyua,
Castaños….
—AUTOR: —Sin embargo, los marinos de Trafalgar, aun siendo vencidos, dejaron tan
alta la bandera histórica de su honor como la habían recibido de los épicos
conquistadores del Nuevo Mundo y los héroes de Lepanto y las Azores. Permítame,
mi general, que rememore cómo cuentan los historiadores el combate, le
resultará doloroso, pero cayó con tanto honor y tanta gloria porque usted era
un hombre ilustre, íntegro y fiel servidor de la Marina y de su Patria, España.
El combate: Ya durante el combate de Trafalgar,
“el Bahama fue
combatido por dos, luego por tres navíos enemigos; su comandante recibió una
contusión en una pierna que le dobló el sable, y fue malherido en la cara de un
astillazo sin abandonar su puesto por esta causa. Se situó por la aleta
del Bahama otro navío
inglés (el Colossus) que
le batía con gran ventaja. Un balazo arrebató el anteojo de Galiano, y
mientras, cubierto de sangre, alentaba a los que le rodeaban, otro por fin le
llevó la parte superior de la cabeza y le dejó muerto en el sitio. Su cadáver
fue recogido al instante y se procuró encubrir la desgracia a la tripulación
que no estaba en las inmediaciones”.
—ALCALÁ GALIANO: —Ay, joven, la ineptitud de Villeneuve y su decisión equivocada al ver la
magnitud de la flota inglesa, que ordenó virar en redondo para volver a
refugiarse en la bahía de Cádiz, desarmó la línea de batalla. No entiendo cómo
Napoleón puso a este hombre, de quien decía que era valiente, pero con pocas
luces, al mando de la escuadra franco-española.
—AUTOR: —Volvamos a su gloriosa carrera de marino, astrónomo,
cartógrafo, matemático y navegante; usted, por orden del Rey Carlos IV, fue uno de los primeros
europeos que exploró y cartografió el Noroeste del Pacífico.
—ALCALÁ
GALIANO: — Recuerdo que el 21 de abril atracó a
la Sutil un bote inglés en
el que venía el jefe de la expedición, Vancouver, que me dio cuenta de mis
reconocimientos. Con la
misma deferencia yo le ofrecí al inglés el resultado de mis trabajos.
El 25
nos reunimos las dos flotillas, española e inglesa.
Valdés y
yo nos adelantamos a cumplimentar al comandante Vancouver, el cual propuso
mandar tres expediciones por distintos rumbos. Me propuso a mí encargarme de una.
Entramos
en Nutka el 12 de mayo ; zarpamos de aquí el 4 de junio ; y después
de reconocida la entrada de Fuca,
hechas muchas observaciones astronómicas y situados los principales puntos de
la costa, llegamos a San Blas el 22 de noviembre , terminada la expedición
con el convencimiento de no existir allí tal paso.
—AUTOR: —No le pusieron el nombre de usted a una isla como
homenaje por su talento y laboriosidad de cómo había llevado los trabajos de la
expedición.
Un gesto
que agradecí enormemente ; el viaje había durado cuatro meses, para
resolver un problema histórico y geográfico , y todos decían que a los
españoles que llevamos a cabo esta exploración y principalmente a su jefe, que
era yo, cabía la gloria de haber contribuido al descubrimiento de esta parte,
apenas conocida, de América
del Norte.
— AUTOR: —Así también por sus méritos, además, fue
nombrado capitán de navío el 25 de enero de 1794, y cuando
regresó a Cádiz desde Veracruz y La Habana a finales de 1794 lo hizo como
segundo comandante del navío San Isidro.
ALCALÁ GALIANO: —Cierto, más no sé si sabe que me trasladé a la Corte, donde fui muy bien recibido por
los Ministros del Rey, especialmente por el de Marina. Mis viajes y mis trabajos astronómicos me habían dado un prestigio que
trascendía de los límites de la corporación a la que pertenecía.
Por Real Cédula de 5 de diciembre de 1795 me fue concedido el hábito de la Orden de Alcántara.
—AUTOR: —¡Hala! ,
esa Orden de Alcántara ¿no es una de las cuatro grandes Órdenes militares españolas que aún
perduran en España?
—ALCALÁ GALIANO: — Efectivamente,
es una distinción
honorífica y nobiliaria más con carácter simbólico que con funciones castrenses
que dieron origen a su fundación, pero sin duda es todo un honor que tuve a
bien recibir.
AUTOR: ¿Es cierto que una parte de la comitiva de la princesa María Antonia,
que venía de Nápoles para su boda con Fernando, príncipe de Asturias,
fue embarcada en su navío el Bahama?
—ALCALÁ GALIANO:
—El 17 de julio de 1802 entré en
Cartagena, para quedar agregado a la escuadra del Marqués del Socorro ,
que salió con su hijo, el célebre político Antonio Alcalá-Galiano, que tenía 13
años, entonces cadete de Guardias ,
para Nápoles con el encargo de traer a España a la
princesa María Antonia.
Esta
embarcó en el navío general y una parte de la comitiva en el Bahama. Llegamos a Barcelona el 30 de septiembre, donde la corte de España estaba aguardando para la
celebración de su matrimonio con Fernando, Príncipe de Asturias,
y el de la infanta española doña María Isabel de Borbón con el Príncipe
heredero de las Dos Sicilias, Francisco de Nápoles.
Con
motivo de la boda de los Príncipes
se concedieron muchas mercedes y el 5 de octubre de 1802 fui nombrado brigadier.
—AUTOR: —Llegados a este punto, hay mucha tela que cortar en
cuanto a los viajes que realizó en virtud de la Real Orden de
10 de octubre de 1802 : una excursión científica hacia levante y mediodía
del Mediterráneo Oriental, Costa de África
hasta Túnez, golfo de Lepanto, Asia Menor, costas de África
del Norte, etc. Tenía tantos trabajos por ordenar que
el 3 de enero de 1804 desembarcó en Cádiz para acometer estos.
Sin duda fueron muchos más, pero aquí lo voy a dejar,
creo que someramente estas charlas cuentan su apasionada vida. La vida de un
hombre que como dije al principio fue gloria de la patria y honra de la Armada
Española a la vez que es un orgullo para los egabrenses. Con mi más profundo
respeto y agradecimiento porque estas charlas me han permitido conocer al mejor
brigadier, comandante y caballero de Orden de Alcántara.
—ALCALÁ GALIANO: —Sin duda rememorar mi vida y la
labor que como marinero y científico, tuve a bien ofrecer a la Corona y a la
Armada. Ha sido un placer.
FIN
ÍNDICE:
Primera Charla con don Dionisio Alcalá Galiano
VIDA Y LOGROS
Segunda Charla con don Dionisio Alcalá Galiano
FINAL HEROICO DE UN CIENTÍFICO Y EXPLORADOR
BIBLIOGRAFÍA: Trabajo publicado por Francisco
Salamanca en la Revista Cabra, culta y poética, sobre Dionisio Alcalá-Galiano.
FOTOS: Wikipedia, la enciclopedia libre.


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