Un pequeño milagro en el desastre de Annual
Annual era un enclave
español situado entre Melilla y la bahía de Alhucemas. Once mil quinientos hombres del ejército español y dos mil
quinientos rifeños leales al Gobierno dejaban su vida en una tierra indómita
como el tórrido Rif, que se convirtió en la tumba de la ambición española.
La derrota militar que más ha sido silenciada se
denominó como el Desastre de Annual y se consumó entre el 22 de julio y el 9 de
agosto de 1921.
El grueso del ejército
español estaba concentrado en el campamento base de Annual, desde donde se
planeaba el avance final sobre Alhucemas. El
sargento Mellado comentó con el teniente Urbano que el general Silvestre los
llevaría a una muerte segura.
La posición de Annual
era estratégicamente muy desventajosa, ya que se encontraba en un valle rodeado
de montañas, con accesos difíciles a la retaguardia. Solo un camino principal la enlazaba con Melilla, y este
transcurría a través de pasos montañosos que podían ser fácilmente tomados por
el enemigo, lo que cortaría la retirada y convertiría el lugar en una auténtica
«ratonera», como de hecho ocurrió.
Los rifeños, por su
parte, defendían su propio terreno y eran grandes conocedores de la región.
Estaban acostumbrados a las luchas internas previas a
la llegada de los españoles y disponían de armas de fuego que sabían usar.
Hostigaban a las tropas españolas frecuentemente
mediante «francotiradores» ocultos en las laderas montañosas, conocidos como
«pac-kos». Estaban perfectamente adaptados al
clima, y su ropa de tonos terrosos servía como un excelente camuflaje. El terreno montañoso facilitaba las emboscadas, en las que
eran maestros.
El general Silvestre
comenzó a actuar de manera errática. Por
ejemplo, ordenó al mayor Benítez intentar romper el cerco con una unidad para
luego escapar, pero Benítez y la mayor parte de sus hombres fueron masacrados
por los rifeños; solo unos pocos quedaron con
vida y fueron tomados como prisioneros.
En medio del desastre,
el sargento Mellado recibió un disparo y el proyectil le entró por el ojo
derecho. Le dieron por muerto y, por su rango
de sargento, fue metido en un ataúd, y paradójicamente, este hecho le salvó la
vida. Los soldados eran enterrados en fosas
comunes o dejados en el campo de batalla, según se diera el caso.
Un par de horas después,
el sargento volvió en sí. Al intuir dónde
estaba metido, comenzó a vocear para que alguien pudiera oírlo y lo rescatara
antes de que fuesen a enterrarlo vivo. Quiso el
destino que un enfermero que estaba próximo a donde estaban los féretros
escuchara la llamada de auxilio y, aunque el miedo le atenazaba, localizó la
caja donde estaba el sargento y lo sacó llevándolo a la enfermería, donde fue
curado de sus heridas. Ciertamente, el ojo lo
había perdido, pero salvó la vida.
Este es el milagro de un superviviente del mayor desastre militar español. Un desastre militar español que conmocionó al país y provocó una grave crisis política.
